miércoles, 8 de agosto de 2012

Es hora

Y lo que duele es que el tiempo pasa y estas ahí, quieta, expectante de lo que sigue por obligación, siendo un «extra» cuando deberías ser la protagonista de tu propia vida.

Y acá estoy, sentada con un libreto en la mano que no me gusta, siendo productora, editora, guionista, maquilladora, vestuarista y protagonista de una vida que no sé si es mía.
Hoy,con un lápiz en la mano estoy dispuesta a cambiar eso.
Lo que voy a contarles es el principio que cerró una etapa y está a punto de formar parte del desarrollo de una nueva aventura.
El destino me ofreció la inspiración de doce angeles; quizá eran mas pero, para que sea mas creíble,pongamos ese número.
Yo tan «público» miraba sorprendida esa escena: Un grupo de chicos que se quejaban mientras reían, festejaban porque les dolía el cuerpo después de tanto ensayar y se reían porque era dolor que provocaba felicidad. No podía entenderlo.
Esos «locos» que se tiraban desde dos metros de altura hacia una cama elástica, que en el camino llevaban a cabo millones de acrobacias, estaban felices. Hasta que los ví en acción, y entendí todo. Frente a 60.000 personas estaban solos, no existía nada más que ese momento; y yo, tan «público» miraba sorprendida esa escena.
De repente, cuando terminaron, la música y las luces reaparecieron y vi los ojos más hermosos de mi vida: eran el alma, el aire les sobraba en el pecho y se transformaba en sonrisas y los abrazos, la felicidad; eran ellos, transparentes, su ser, su cuerpo… simplemente su esencia.

—Vivimos de nuestro sueño, soñamos con lo que vivimos.
—Resignamos, perdimos, pero siempre ganamos… al destino, a la vida. Ganamos porque el sueño, hoy, es una realidad.
—Se puede, siempre se puede.


Irónico (y no tanto) es que simplemente salten al vacío confiando en que van a salir otra vez a flote, mientras la adrenalina invade su cuerpo.
A la distancia sólo creo que ya es hora de escuchar mi voz, de saber quién soy y qué quiero; de seguir mis sueños porque nada importa más que ser feliz.

Cierro el libro y lo guardo debajo de la almohada, esperando que esto que anhelo, se transforme en realidad.

Mi destino es ahora.
Puedo respirar y el pecho no me duele, se llena de esperanza. 

   Y así se siente

     este es el momento de empezar a vivir.

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